Cuidado del Hogar
Humedad
en la pared
Si tienes
humedad en alguna pared de casa, pintala por dentro con dos capas
de pintura alquídica para exterior.
Proteger
la madera
Es muy conveniente
proteger la madera contra los hongos de podredumbre, mérula...
y otros muchos enemigos que la acechan para destruirla.
Los insectos
más comunes son el «capricornio», el «lictus»
y la «barrena», que atacan prácticamente todas
las maderas, pero especialmente las resinosas (pino, abeto, etcétera).
El tamaño
del capricornio es importante y sus orificios de salida son ovales
y llenos de un polvo fino. Prolifera especialmente en las maderas
resinosas secas: paneles y parquets.
El lictus
tiene el cuerpo cilíndrico y sus orificios de salida son
pequeños y ligeramente ovales, llenos de un polvo muy fino.
Afecta a las maderas escamosas muy secas, particularmente los
muebles y parquets.
La carcoma
o barrena o es más plana que el lictus y hace unos pequeños
agujeros circulares rodeados de un polvo no tan fino. A veces
emite este insecto unos sonidos cadenciosos al frotar su cabeza
contra la madera. Ataca generalmente a toda clase de maderas.
Tan pronto
se note que los muebles, parquet y objetos de carpintería
en general empiezan a mostrar signos de infección, es preciso
intervenir rápidamente para que el daño no se extienda.
No todas las
maderas, no obstante, deben tratarse igual, ya que las maderas
se clasifican en dos grandes clases: maderas duras, como son muchas
de las maderas frondosas y la mayor parte de las llamadas exóticas,
y maderas blandas, que son las resinosas y algunas de las frondosas,
como álamo, abedul, roble, olmo, etcétera.
Contra los
hongos y los insectos xilófagos, las maderas duras sólo
necesitan una protección superficial, pero las maderas
blandas precisan una protección adicional.
Las pinturas
y los barnices protegen de por sí la madera, de un modo
más o menos eficaz, pero nunca en profundidad.
Para que la
protección sea realmente efectiva hay que usar dos líneas
de productos: los de prevención, que impiden la destrucción
de la madera sana, y los curativos, que tratan aquellas maderas
ya atacadas.
Estos productos
impregnan profundamente la madera, y sus materias activas impiden
la proliferación de los parásitos.
Son fáciles
de aplicar y algunos tienen la propiedad de ser hidrófugos,
es decir que repelen el agua, pero dejan pasar el vapor de agua
del interior al exterior.
Para tratar
la madera contra las plagas, aquélla debe estar limpia,
sin grasas y bien seca, procediéndose al desengrasado con
un diluyente celulósico.
El mantenimiento
es sencillo y no demasiado caro, debiendo repetirlo cada dos o
cuatro años, según la calidad del producto empleado.
En el caso
de maderas que no hayan sido tratadas nunca o de maderas blancas
a las que se quiera conservar su tono natural, es conveniente
usar un producto incoloro o muy poco teñido, de modo que
se vean las vetas de la madera, al tiempo que impiden que amarilleen.
Para decidir el mejor sistema de protección hay que ver
el estado de la madera y el tipo de la misma.
Alargar
la vida de tus pilas
Cuando tus
pilas ya no funcionen, puedes alargar su vida envolviendolas en
papel de aluminio y metiendolas en el congelador durante diez
dias.
Cuidado
de los libros
Los principales
enemigos de un libro son el tiempo y la humedad. Además
suelen ser verdaderos acumuladores de polvo, aunque este problema
es sólo cuestión de usar un plumero o un aspirador
pequeño. Limpie el polvo de sus libros por lo menos una
vez al año, limpiando también los estantes.
Cuando quite
el polvo de un libro manténgalo bien apretado con la mano
para que no le entre dentro entre sus páginas.
La habitación
donde los tiene no debe estar demasiado seca, pues se estropearía
el papel y la encuadernación al resecarse la cola. Los
estantes no deben estar encima de estufas, chimeneas o calefactores.
Y es muy aconsejable que la habitación no sobrepase los
15º centígrados; si los aprecia de verdad.
El color blanco
de las tapas se puede volver a ver aplicando una mezcla de agua
y lejía con un algodón. La parte superior ennegrecida,
pasándole una bayeta mojada levemente en alcohol de quemar
y un poco de amoniaco. Apriete bien el libro para que no se deslice
entre las hojas la mezcla. La humedad puede irse espolvoreando
polvos de talco página por página. Después
deje presionado el libro durante unos días colocando sobre
él algún objeto muy pesado o usando dos gatos de
carpintero. Pasado este tiempo deberemos cepillar suavemente las
páginas para quitar el polvo de talco.
Si el libro
presenta un aspecto verdoso por el moho producido por la humedad,
y usted desea conservarlo, no se alarme. Pase con paciencia una
hoja de afeitar por la parte afectada y límpiela después
con alcohol de quemar.
A veces las
páginas aparecen pegadas y pensamos que son irrecuperables.
Use el mismo sistema que utilizaría para despegar un sello.
Someta las páginas al vapor de agua y con delicadeza vaya
separándolas, siempre sin prisas. Igual que ocurre con
un sello, quizá se vea obligado a repetir la operación.
Limpieza
de Tapizados
Cuidando y
limpiando regularmente las telas de los tapizados logrará
que duren más tiempo y tengan siempre un buen aspecto.
El polvo y
la suciedad causan daños a veces irreparables en las telas,
por lo que vale la pena cepillarlas y sacudirles el polvo con
asiduidad.
Cuando un
tapizado se mancha hay que tratarlo inmediatamente, lavándolo
antes de que la suciedad penetre en las fibras de la tela.
Hay que enjuagar
inmediatamente la mancha desde el borde hacia su centro para evitar
que se extienda. Si la mancha es grasienta, lo más práctico
es espolvorear encima un absorbente, como pueden ser polvos de
talco, dejándolos una media hora antes de sacudirlos, limpiando
después en seco.
Para preparar
una solución de amoníaco o bórax, que se
usa en las manchas solubles en agua, se diluye una cucharada sopera
de amoníaco o bórax en 600 ml de agua tibia.
Para preparar
una solución de agua oxigenada, para las manchas de café
o chocolate, debe mezclarse una parte de agua oxigenada de 20
volúmenes con cuatro panes de agua, añadiendo una
gota de amoníaco.
Las tapicerías
hay que limpiarlas un par de veces al año, cuando menos,
con espuma para tapicería. Debe comprobarse antes la solidez
de los colores, mojando una zona pequeña de la tapicería
y presionando con una plancha caliente, entre dos trozos de tela
de algodón. Si no queda rastro de color en el algodón
es que los colores de la tapicería son sólidos y
se puede lavar la tela. Pero si el color destiñe al hacer
la prueba, deberá lavarse en seco.
Ahorro
con el calentador de agua
Los calentadores
de agua eléctricos gastan gran parte de la energía
que consumimos en nuestras casas.
Tal vez no
prestas mucha atención a tu calentador de agua; está
ahí, en un rincón recogiendo polvo.
Pero quizá
deberías pensar en él, porque, en importancia, es
el segundo gran devorador de electricidad en las viviendas.
. Muchas personas
tienen sus calentadores a 60 grados centígrados, temperatura
superior a la necesaria. De este modo no solamente despilfarra
energía, sino también aumenta la pérdida
de calor y reduce la vida del termo.
. Por cada
grado que bajes el termostato ahorrarás entre un 5 y un
8% de electricidad.
. Algunos
expertos aconsejan mantener la temperatura a 50 grados, pero esto
puede suponer un riesgo para la salud. La bacteria que causa la
enfermedad del legionario vive en los calentadores de agua, y
quizá la temperatura de 50 grados no es suficiente para
eliminarla.
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