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Pintar la casa

Pintar la casa

Es conveniente saber qué clase de pintura hay que comprar. En realidad, sólo hay dos opciones válidas para pintar techos y paredes, al agua o al aceite, para las que se ofrecen distintas calidades de brillo, textura y cubrición.

El acabado más práctico es la emulsión satinada, menos propensa a mostrar huellas. Las pinturas antigoteo tixotrópicas cubren con una sola mano.

En cuanto a las pinturas al aceite proporcionan un acabado sólido y de gran duración. Estas pinturas se usan preferentemente para los techos de baños y cocinas.

No obstante, antes de aplicar la pintura final, sea en una mano o en dos, es conveniente usar primero una base de imprimación, una pintura relativamente barata, que borra los restos de color que hubiera debajo y cubre las imperfecciones menores. Si se requiere pintar el techo en poco tiempo, se puede elegir un tapaporos de secado rápido para acabar con una mano de pintura al agua.

Disponemos, pues, ya de la pintura y vamos a empezar la tarea. En primer lugar, una precaución necesaria, es cubrir bien los muebles, el suelo y las cortinas, no fuese que estropeásemos ahora lo que tan bien luce. A continuación, se debe preparar una plataforma de trabajo para poder abarcar la máxima superficie sin cambiar de posición.

Después, hay que limpiar y preparar las superficies que vayan a renovarse, tapando cuidadosamente las grietas, rascando el material suelto de la grieta con una rasqueta o bien con una espátula. Los bordes más grandes de las grietas deben recortarse para que la masilla penetre bien. Se humedece entonces la grieta con una brocha y se va metiendo la masilla poco a poco con la espátula. Primero se pasa la hoja de la espátula a través de la grieta para introducir la masilla y después a lo largo para alisarla. Es conveniente que la masilla sobresalga para así poder ruralmente nivelarla lijándola.

Si lo que quiere es un estucado para el techo, use una brocha de 15 centímetros, no sobrecargándola de pintura, pues estropea los pelos de la brocha al secarse la pintura en las raíces. Lo mejor es aplicar una capa uniforme por pequeñas superficies, en trazos verticales, extendiéndola luego en ángulos rectos, cargando con frecuencia la brocha e igualando a continuación con la brocha sin cargar.

Para un estucado más espeso, use un rodillo tipo nido de abeja, cargándolo generosamente y con uniformidad, ejerciendo una presión mínima, y aplicando una capa gruesa sobre una superficie de, por ejemplo, 20x30 cms. No hay que estirar mucho la pintura. Mejor es recargar y seguir en otra superficie igual. Una vez cubierto medio metro cuadrado, es necesario repasarlo con el rodillo sin cargar y en el mismo sentido para obtener un estucado uniforme.

Se empieza a trabajar por la esquina más próxima a la ventana, pintando cuidadosamente los bordes con un pincel. A partir de los bordes, aún frescos, vaya haciendo franjas, alejándose de la luz. Tanto si usa brocha como rodillo, aplique siempre nueva pintura justo a la altura de la aplicación anterior, uniendo para igualar.

Para las paredes, lo mejor es pintarlas con un estucado suave, sin partículas rugosas con las que arañarse. Además, como el polvo no se incrusta, con una simple esponja mantendrá siempre limpia la pared. Hay que usar las mismas precauciones que se han tenido en cuenta para pintar el techo, preparando primero las superficies a pintar. A continuación debe mezclarse el producto a usar, sin diluirlo.

Como anteriormente se ha hecho con el techo, hay que usar primero un pincel para pintar los bordes, empezando por una esquina superior de la habitación. Se carga el rodillo de forma generosa y uniformemente y se aplica sin presionar demasiado y sin estirar la pintura.

Lo mejor es trabajar por pequeñas superficies (aproximadamente unos 30 x 30 centímetros), cruzando las pasadas y terminando siempre en el mismo sentido. Para cada parte a cubrir hay que recargar el rodillo. Y para el acabado se pasa ligeramente el rodillo sin cargar sobre toda la superficie y siempre en el mismo sentido.

Debe acabar siempre toda una pared sin interrupción ya que, de lo contrario, se notaría un cambio de tonalidad entre las distintas secciones pintadas.

Pintar ventanas y puertas

Para quitar la pintura vieja de la madera lo mejor es usar un soplete. El procedimiento consiste en ablandar la pintura con la flama para poder quitarla después fácilmente con un rascador. Hacerlo requiere un cieno cuidado, pues nunca debe prenderse fuego a la madera.

Para quemar zonas pequeñas puede emplearse un soplete de los llamados de «bricolage» adosado a una bombona pequeña de gas butano. Le recomiendo que se ponga guantes para protegerse las manos contra la pintura caliente que pueda desprenderse. Además, y como una precaución muy conveniente, quite de las proximidades de lo que vaya a «quemar» todo lo que sea apto de combustión, como cortinas, etcétera.

La técnica correcta para usar el soplete es manteniéndolo con una mano y sujetando la rasqueta con la otra, teniendo ambos utensilios siempre en movimiento simultáneo. Al quemar la pintura de los marcos de las ventanas no acerque demasiado la flama del soplete a los cristales.

Una vez reblandecida la pintura y quitada, hay que lijar la madera con un papel abrasivo de grano medio, envuelto en un taco de madera, en la dirección de la veta; siempre que no disponga de una maquina moderna de lijar.

La pintura a usar es otro de los apartados que requieren su atención. Hay que tener en cuenta que la pintura es un revestimiento no sólo protector de la madera sino decorativo.

Existen en el mercado pinturas al aceite, a base de disolventes, siendo éste el acabado más corriente por la gama de colores que se ofrecen. Hay también pinturas al esmalte, teniendo la ventaja de que se seca más rápidamente que la anterior, y su olor no es tan fuerte.

Una vez elegida la pintura y el color adecuado, hay que pensar en las herramientas a emplear.

Aparte de un cubo o el mismo bote de la pintura en la que se haga la disolución, siguiendo las instrucciones del fabricante, se necesitan cuando menos dos brochas. Una de 2,5 centímetros para las superficies estrechas, como son los marcos de las ventanas, y otra de 5 centímetros para las superficies anchas, como son los paneles de las puertas.

Hay que asegurarse de que las brochas estén bien limpias lavándolas, aunque sean nuevas, con agua y jabón el día antes, dejándolas secar en un lugar templado.

La técnica para «cargar» la brocha, si se trata de pintura goteante, es sumergir el pelo en la pintura hasta un tercio de su longitud y presionarla luego contra un lado del recipiente, por encima del nivel de la pintura. Si la pintura no gotea se sumerge la brocha, sacándola directamente.

La aplicación de la pintura consiste en hacer trazos largos con movimientos de muñeca, repartiendo la pintura por igual en todos los sitios. No hay que extenderla demasiado.

Una precaución necesaria es quitar las manillas de las puertas antes de empezar a pintar, teniendo el cuidado de dejar la puerta abierta, trabada con una cuña para evitar que se cierre por accidente.

Para las puertas lisas lo mejor es empezar por arriba y pintar por secciones, uniendo unas con las otras, acabando cada sección con una ligera pasada vertical. Por último, se pintan los bordes a partir de ellos hacia el centro, nunca al revés porque la pintura se acumula y se corre.

Si la puerta es de paneles, debe empezar primero por las molduras y seguir por los paneles. Después se pintan los montantes verticales del centro y luego los travesaños que se cruzan, terminando con los montantes verticales exteriores y el borde de la puerta.

Ahora que ya ha adquirido un poco de práctica pintando las puertas, continúe con las ventanas, cuya técnica, siendo similar, es algo distinta.

La parte delicada al pintar ventanas consiste en perfilar el cristal sin mancharlo. Para ello debe hacerlo con un pincel preferentemente usado, con el pelo gastado y que ofrezca un aspecto de cincel. En una brocha nueva esto lo puede conseguir atando el pelo con unas gomas a fin de acortar su efectividad. La brocha debe cargarse con bastante pintura, apretándola con fuerza en el ángulo entre el cristal y el marco, desplazándola con movimientos largos hasta que no quede pintura en la brocha, repitiendo los brochazos para que la pintura quede uniformemente repartida.

La secuencia de pintado es la siguiente: primero se pintan los junquillos, se sigue con los travesaños superior e inferior, después los montantes verticales y se acaba pintando los bordes y el marco.

Para pintar las ventanas de guillotina, se empieza por levantar la hoja de abajo y bajar la de arriba de modo que se tenga acceso al travesaño de unión. Se pinta este travesaño y todo lo que alcance de las partes bajas de la hoja superior, pintando asimismo la parte inferior de la hoja de abajo. Después se cierran las dos hojas, dejando abierta unos 3 centímetros la parte superior. Se pinta a continuación el resto de la hoja superior y sus bordes interiores. Después se levanta la hoja inferior hasta que el borde quede separado del marco y se pinta toda la hoja, incluido el borde superior, terminando con el marco y el alféizar.

Como última recomendación, podemos añadir que las ventanas deberían pintarse de buena mañana para que dé tiempo a la pintura a secarse y se puedan cerrar por la noche.

Pintura ecológica

Todos tenemos que tomar una decisión de vez en cuando sobre la pintura. La decisión debería abarcar algo más que el color: la clase de pintura que usas y qué haces con ella cuando terminas de pintar, ya que todo eso tiene un impacto ambiental directo. De hecho, hasta la limpieza de los pinceles afecta el entorno.

. Según el Equipo de Residuos Tóxicos Domésticos de San Francisco, la pintura y los productos afines constituyen el 60% de los residuos peligrosos tirados por particulares. Se trata de la pintura derivada del petróleo, tintes, disolventes y pulimentos. Frecuentemente se emplean metales pesados como el cadmio y el dióxido de titanio en la fabricación del pigmento de las pinturas.

. La pintura derivada del petróleo es tóxica y los subproductos de su frabricación son muy contaminantes. Por ejemplo, cuando usan el dióxido de titanio generan residuos líquidos que contienen ácido sulfúrico, metales pesados e hidrocarburos florados.

. Al tirar la pintura al suelo corremos el riesgo de contaminar el agua subterránea y, al evaporarse la pintura, contamina el aire. Por esto hay que mantener los botes bien cerrados.

 


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